Así como Capula es reconocida por se la cuna de las emblemáticas Catrinas de barro, el pueblo mágico de Metepec brilla con luz propia como la cuna del Árbol de la Vida. Esta joya del arte popular en barro sintetiza historias, tradiciones y visiones del mundo a través de figuras detalladas y colores vibrantes llenos de Vida.

Aunque diversos artesanos han migrado a esta zona del Estado de México compartiendo sus propias técnicas, Metepec destaca por su maestría única en el barro policromado. De sus talleres nacen cazuelas, jarrones y esculturas; sin embargo, el Árbol de la Vida se consolida como la pieza maestra del municipio.

Su origen e historia

Esta tradición tiene sus raíces en la época colonial. Los misioneros españoles, al observar la destreza alfarera de los pueblos prehispánicos, utilizaron el moldeado en barro como una herramienta de evangelización. En sus inicios, estas esculturas representaban el pasaje bíblico de Adán y Eva en el Jardín del Edén, con Dios en la cúspide como símbolo de la creación y la conexión entre el cielo y la tierra.

Con el paso de los siglos, los artesanos transformaron esta expresión religiosa en un lienzo de identidad cultural. Hoy en día, los Árboles de la Vida abordan temáticas muy diversas:

  • Tradiciones y fe: Fiestas patronales, nacimientos y pasajes populares.
  • Cultura y arte: Homenajes a figuras icónicas como Frida Kahlo y Diego Rivera, o representaciones de nuestra bella Catrina.
  • Naturaleza y misticismo: Composiciones donde conviven flores, frutos, hojas, animales y la Dualidad entre la vida y la muerte.

Materia prima y técnica

El proceso de creación de cada pieza requiere semanas de trabajo paciente por parte del artesano. Para su modelado se utiliza barro que se extrae y prepara cuidadosamente, combinándolo con plumilla (flor del tular semenjante a la cola de zorro en Chile) para darle resistencia y evitar que la pieza se quiebre al hornearse. Tras la cocción, las piezas pueden conservar su tono natural (barro libre de plomo) o ser pintadas a mano con pigmentos acrílicos o esmaltes policromados, También se utiliza barro de color de diferentes localidades de México al cual no es necesario aplicar tintes, ya que sus propios minerales dan las tonalidades que el artenano quiere obtener para cada pieza.

El Árbol de la Vida no es solo una artesanía: es una narración que mantiene viva la memoria y el orgullo de Metepec.