
El jazz no solo se escucha: también puede verse. Y eso es justamente lo que propone la muestra Cromatismo sincopado de Jazzamoart, actualmente exhibida en el Museo del Barro.
La obra de Jazzamoart pertenece a esta última categoría: un universo plástico donde el ritmo, la improvisación y la energía del jazz se traducen en explosiones cromáticas y pinceladas gestuales cargadas de emoción.
Francisco Javier Vázquez Estupiñan, nacido en Irapuato, Guanajuato, en 1951, se formó en la histórica Academia de San Carlos, donde comenzó a perfilar el lenguaje expresionista que marcaría su trayectoria. En 1974 adoptó el nombre artístico de Jazzamoart, una fusión entre sus dos grandes pasiones: el jazz y el arte. Más que un seudónimo, el nombre define una postura estética.
En sus escenas pictóricas habitan bares bulliciosos, conciertos nocturnos y músicos capturados en el instante preciso de la improvisación. Duetos y cuartetos, saxofones que parecen vibrar, contrabajos que se expanden en el lienzo. Sus trazos, dinámicos y enérgicos, no describen: interpretan. Los contrastes cromáticos —intensos, eléctricos— evocan las disonancias, las variaciones rítmicas y la libertad propia del jazz.
La exposición Cromatismo sincopado reúne 36 piezas entre dibujo, pintura y escultura que abarcan desde obra temprana como Dueto (1978) hasta producción reciente como Viaje al fondo de la pintura (2022). Todas forman parte de la Colección Pago en Especie de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, un programa que ha permitido integrar al patrimonio nacional obras de artistas fundamentales del país.
El recorrido revela la evolución de un creador tenaz: si bien el jazz es constante temática, su diálogo con la historia del arte es igualmente profundo. Jazzamoart integra homenajes e interpretaciones de grandes maestros como Rembrandt, Diego Velázquez, Vincent van Gogh y Dr. Atl, no desde la nostalgia, sino desde la apropiación contemporánea. Su mirada al pasado es una reafirmación de que toda vanguardia nace del conocimiento profundo de la tradición.
Presentada en el marco del Festival Internacional Quimera de Metepec, con la colaboración del Museo del Barro y el Municipio de Metepec, la muestra confirma la vigencia de una obra que celebra la vida cultural, el impulso creativo y la emoción como motor estético.
Jazzamoart no pinta músicos: pinta el instante irrepetible en que la música sucede. Y en ese gesto, convierte el color en ritmo y el lienzo en escenario.
