Una colección limitada de 34 catrinas de barro une el modelado tradicional de Capula con los trazos azul cobalto de la Talavera mexicana, dando vida a una nueva interpretación de la artesanía mexicana.

Todo comenzó con una simple idea: tomamos una de nuestras catrinas de barro y la pintarmos con los tradicionales patrones de la Talavera mexicana.

Queríamos descubrir qué pasaría si uníamos el trabajo de los artesanos de Capula, reconocidos por sus catrinas de barro que se lucen para Día de Muertos, con los delicados diseños florales, las ondas y el característico azul cobalto de la Talavera poblana.

La primera prueba la hicimos nosotros. Pintamos en casi tres días una de nuestras catrinas al natural con un terrible pulso, entre prueba y error logramos afirmar el pincel y las líneas… el resultado final nos encantó y decidimos llevarla directamente a Capula para mostrársela a los artesanos con quienes trabajamos hace más de 10 años a ver que opinaban.

Al principio, nos odiaron, la idea generó dudas. Para muchos de ellos, sus catrinas de barro ya tenían una identidad propia y salir de esa tradición, salir de su zona de confort les significaba un verdadero desafío, nuevas formas, nuevos líneas, les producían incomodidad al romper sus esquemas de diseño del Capulineado tan típico de Capula. Pero después de observar la maqueta y comprender la propuesta detrás de esta fusión, aceptaron el reto no muy convencidos.

Lo que vino después fueron casi tres meses de modelado libre de las piezas, pinceles, errores y nuevos intentos hasta lograr el equilibrio perfecto entre ambas técnicas. Adaptar los patrones de la Talavera mexicana a figuras con tantos volúmenes y curvas, totalmente modeladas a mano no fue sencillo. En si, la Talavera sólo se aplica generalmente a jarrones, floreros, tazas, platos y maceteros que no presentan mucha dificultad al ser superficies planas o levemente curvadas, pero en este caso cada línea y cada flor debía respetar tanto la esencia de Puebla como el carácter artesanal de las catrinas de Capula.

Y quizás no podía resultar de otra manera. La Talavera nació precisamente de la mezcla de culturas y tradiciones. Su origen se remonta al siglo XVI en Puebla, donde artesanos españoles incorporaron técnicas de cerámica inspiradas en la mayólica traída desde Talavera de la Reina, fusionándolas con el trabajo artesanal mexicano. Con el paso del tiempo, sus diseños florales y el intenso azul cobalto terminaron convirtiéndose en uno de los símbolos más reconocidos de la artesanía mexicana.

Hoy, esa misma idea de mezcla y evolución vuelve a tomar forma en esta hermosa colección limitada de solo 34 piezas. Catrinas de barro creadas completamente a mano en México que unen dos grandes tradiciones en una sola obra.

Finalmente el resultado de este trabajo da origen a esta exclusiva colección, una bella fusión que da vida a nuestras catrinas de barro de Capula.